Mala comunicación o conducta científica poco ética: el caso de la niacina anti-abortos

 

La forma en que nos comunicamos con otros y con nosotros mismos, determina la calidad de nuestras vidas -Anthony Robbins

 

Seguramente el título de esta entrada nos sitúa de inicio en una falacia de falso dilema, ya que es posible que exista una exquisita gama de explicaciones (como por ejemplo la presión académica) para el caso concreto que nos ocupa (el del suplemento anti-abortos), pero seguro que en pocas líneas apreciaréis que os hayamos situado en esta situación para entender mejor el trasfondo de la cuestión.

En esta entrada, trataremos de ver cómo los centros de investigación ofrecen o deberían ofrecer la información a los medios de comunicación para generar noticias sobre nuevos avances científicos, y veremos cómo la forma en que se haga podría conducir a una situación de mala comunicación o incluso de mala conducta científica (según transcurran los acontecimientos).

En agosto de 2017 el Victor Chang Cardiac Research Institute publicó una nota de prensa que contenía las siguientes declaraciones (entre muchas otras):

 

se acaba de realizar “uno de los mayores descubrimientos de Australia en investigación sobre el embarazo”, “científicos autralianos han demostrado una cura potencial”, “la vitamina B3 (niacina) puede potencialmente tratar las deficiencias moleculares que causan abortos espontáneos y defectos de nacimiento”, “se espera este descubrimiento histórico cambie para siempre la forma en que se atiende a las mujeres embarazdas en todo el mundo”

 

 

La nota de prensa (que no tiene desperdicio), cita un estudio publicado ese mismo mes nada más y nada menos que en una de las revistas médicas más top, The New England Journal of Medicine. Pronto, los medios de comunicación de todo el mundo se hacen eco del notición: aquí, aquí, aquí, aquí, contándose entre dichos medios algunos de muy prestigiosos como el The Daily Telegraph. Lo que comunicaban l@s periodistas en los medios de comunicación era básicamente una adaptación periodística, pero adecuada, de los contenidos de la nota de prensa y declaraciones compartidas por la institución médica. Por mala suerte, o malas artes, la nota de prensa de la institución exageraba sus hallazgos, y en consecuencia lo comunicado en los medios era erróneo.

Sin embargo, también salieron otros medios de comunicación a la caza de las interpretaciones erróneas de lo que sin lugar a dudas es una muy buena publicación científica (aquí, aquí y especialmente aquí). En dichas comunicaciones, l@s periodistas detallabann mejor el diseño del estudio, se trata de un estudio de investigación de genética con replicación en modelos animales; se alertaba de las altas dosis propuestas, con dosis de niacina 10 veces superiores a las RDAs (140mg versus 14mg), y terminaban concluyendo que gracias a este estudio se abría una nueva línea de investigación muy interesante, pero que los resultados y conclusiones no podían ser aún trasladados a recomendaciones específicas para embarazadas, es decir, algo muchos más adecuado al estudio publicado.

 

Entonces, ¿estamos ante una mala comunicación o una conducta científica poco ética? ¿Es un caso aislado?

 

Ambas son posibles, e incluso podría ser que fuera el resultado de la concatenación de las dos (habíamos advertido que estábamos ante una falacia de falso dilema XD). Es relevante señalar que en el artículo publicado en la revista científica, l@s autoras/es no cometen ningún error que pueda conducir a mala interpretación de los resultados ni de las conclusiones (l@s editores/as no lo hubieran permitido), y en cambio en la nota de prensa de la propia institución, l@s autoras/es cometen varias incorrecciones. Tanto es así, que el Victor Chang Cardiac Research Institute tuvo que matizar su comunicado a posteriori.

Los lectores podrían pensar que esta es una anécdota de noticia mal redactada entre miles de noticias adecuadas, pero la realidad es que éste no es un caso aislado.

En 2009 se publicó un artículo en la revista Annals of Internal Medicine que evaluaba las notas de prensa de las 10 instituciones médicas más top e influyentes según el ránquing de US News & World Report. La investigación alertaba que entre las 200 notas de prensa elegidas de forma aleatoria de todas las instituciones, el 44% promovía  en los medios de comunicación investigación básica (modelos animales y celulares), y que de estos el 74% explicitaban que se trataba de resultados relevantes para la salud humana. De las 113 notas de prensa relacionadas con investigación humana evaluadas, sólo el 17% correspondía a diseños de alta categoría, es decir ensayos controlados de asignación aleatoria y metaanálisis.

Para aquell@s que no estén muy familiarizados con el sistema de generación de recomendaciones basadas en la evidencia (por ejemplo el sistema GRADE), deben saber que los datos mostrados de la anterior revisión chocan frontalmente con las jerarquías de niveles de evidencia. En la mayoría de jerarquías no podrán encontrar situados los estudios realizados en animales y modelos celulares, ya que este tipo de estudio suele usarse para averiguar mecanismos de acción, así como realizar acercamientos a dosis peligrosas (se llama evidencias mecanicistas). En el lado opuesto encontrarán los ensayos controlados de asignación aleatória (ECA) y sus metaanálisis, que cobrarán especial relevancia en preguntas relacionadas con la evaluación de la eficacia de tratamientos. En esta infografía de @EUFIC de la que nos hicimos eco en redes sociales, se explica lo básico sobre los diferentes diseños de estudios:

A pesar de que en el artículo de 2009 no se menciona que exista mala conducta científica, se dice textualmente: “creemos que los centros académicos contribuyen a que exista una cobertura mediática deficiente [de los avances científicos], y echan a perder la oportunidad de ayudar a l@s periodistas a mejorar”, los cuales, cabe decirlo, en esta situación lo tienen muy difícil para acertar a menos que tengan formación específica en ciencia.

En relación a este caso en particular (el de los suplementos de niacina anti-aborto), la Academia Española de Nutrición y Dietética, entidad creadora de RED-NuBE, recientemente pudo contribuir, junto a otr@s profesionales de la Sociedad Española de Fertilidad o del Hospital Doce de Octubre, de Madrid, a la mejora de la comunicación científica en medios de comunicación españoles. En esta nota de prensa de El País-Buenavida, la Academia favoreció a que la periodista modificara sus preguntas sobre el tema, que parecían en un inicio conducir a dar cobertura y cierta credibilidad a las declaraciones emitidas por el Victor Chang Cardiac Research Institute.

 

¿Estáis sugiriendo que sólo se pueden hacer notas de prensa de estudios controlados aleatorizados o de metaanálisis?

 

Pues no, tranquil@s. Los medios de comunicación se pueden hacer eco de cualquier investigación, ya sea básica, clínica aplicada, translacional o secundaria (si es que debiéramos separarlas de este modo), pero deben poner más énfasis en ofrecer una correcta explicación del significado del avance, de la relevancia para la práctica, de la validez de los resultados, de la posibilidad de generalizar los hallazgos y de las limitaciones de los estudios (todos las tienen, también los señalados como top de las evidencias), y esto requiere tener ciertos conocimientos sobre ciencia, investigación y pensamiento crítico. En relación a este punto, recomendamos la lectura de esta publicación: Epidemiología para periodistas y comunicadores, escrito por Gonzalo Casino y Esteve Fernández.

Sin embargo sí que sugerimos que l@s periodistas no deberían cubrir presentaciones de estudios de los cuales aún no se haya publicado el informe completo, inclusive si están en vías de ser publicados, o si un resumen de los datos se ha presentado en congresos científicos (como ponencias o como comunicaciones científicas tipo póster), ya que los estudios sugieren que el 25% de dichos resultados y conclusiones nunca serán publicados (en ninguna revista; ni de alto impacto ni tan sólo de bajo impacto).

 

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